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Mi hermano especial

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La interacción entre los hermanos cambia a medida que los niños van creciendo. Una buena relación a los cinco años será diferente a los quince. No obstante, las bases de la conexión se establecen en la primera infancia. La calidez y el afecto al principio de la infancia sientan las bases de la intimidad y el cariño posterior. Una de las primeras cosas que pueden ocurrir ante el nacimiento de un hermanito o hermanita es la reacción de “rivalidad entre hermanos”. Cuando nace un bebé cambian muchas cosas una de ellas es la relación entre el padre o madre ante sus otros hijos, ya no pueden dedicarle todas sus energías.

El proceso de cambio continúa año tras año. Una de las transiciones importantes se produce cuando el niño más pequeño tiene entre tres y cuatro años.A esa edad, posee ya destrezas que le hacen más interesante como compañero de juego. Esas destrezas el lenguaje complejo, las habilidades motrices y un repertorio social que lo convierte en compañero de juego atractivo para sus hermanos (as).Cuando un hijo con algún tipo de discapacidad llega a la familia, suele quedar en el centro de la atención. Se habla de él, se habla de los padres, pero ¿quién habla de sus hermanos?, ¿qué ocurre en la relación entre hermanos y hermanas cuando uno de los niños tiene autismo y es incapaz de responder de la forma habitual a la diversión, al juego y a la agitación típica de la infancia?

La frustración y la decepción se hacen presentes cuando su hermano o hermana no muestra el menor interés por los juegos infantiles o incluso que su hermano con autismo exhiba una serie de conductas molestas convirtiéndose en un compañero de juego difícil o imposible, es fácil que destruya juguetes sea agresivo o tenga rabietas importantes si se acerca un hermano. Esto crea un problema especial en los hermanos (as) de niños con autismo, ya que los padres no hablan con claridad y de manera eficaz lo que es el autismo. La falta de información acerca del autismo deja un vacío importante en la mente de los niños que ellos pueden rellenar con información errónea, temores y fantasías.


Aunque oigan la palabra “autismo”, es muy posible que no entiendan su significado. Por ejemplo: pueden ausentarse por la posibilidad de que ellos mismos hayan provocado el autismo con alguna mala conducta o enfado o pensado que el autismo se “pesca”, como si fuese un resfriado.También pueden mostrarse reacios a hacer preguntas o plantear problemas para no molestar a sus padres o porque se avergüencen de sus sentimientos de enfado, celos o resentimiento. Estas conductas inadaptadas influirán en su capacidad adulta ocasio- nando una barrera frente a las relaciones con otras personas.


La falta de información puede dificultar que el niño con un desarollo normal adquiera un sentido claro de si mismo como una persona única y no como una extensión de su hermano. Por ejemplo, un chico puede mostrarse reacio a ir a un campamento de vacaciones de verano por el hecho de que su hermano más pequeño, con autismo, no puede ir también. Puede resultarle difícil comprender que tiene derecho a una vida separada, feliz e independiente de la de su hermano. Esa pauta de conducta si se mantiene durante bastante tiempo, puede traducirse en un adulto incapaz de reclamar su derecho básico a existir como persona concreta y única. Para establecer relaciones adultas sanas, tenemos que experimentar la legitimidad de nuestras necesidades, igual que la de la otra persona.Los cuidados y atenciones constituyen otro campo que pueden ser una fuente de problemas para los hermanos de un desarrollo normal (Seligman y Darling, 1989).

Los niños mayorcitos sobre todo las hermanas mayores de niños con autismo vigilan a su hermano mientras sus padres preparan la comida. La distribución más equitativa de estos papeles suelen producirse cuando el más pequeño alcanza los once o doce años, no ocurre en las familias cuyo hijo menor tiene autismo. Los padres deben estar vigilantes ante el riesgo de que su hijo (a) adolescente se convierta en una cuidadora o cuidador demasiado bueno, lo que obstaculizaría su desarrollo social. Esta desigualdad de las relaciones de atención y cuidado puede afectar tanto a los hermanos más pequeños como a los mayores. Por ejemplo, una hermana de nueve años puede hallarse en la situación de tener que cuidar a su hermano de trece años, en evidente contraste con los papeles sociales de otras familias. En una situación normal los niños pueden ser muy consientes de su diferencia con relación a sus amigos. La sensación de ser diferentes puede hacer que una niña o niño se muestre enfadado, avergonzado, molesto, triste, desafiante. Quizás evite estar con su hermano o hermana mayor, no quiera que vayan a jugar a su casa sus amigas y amigos.


¿Qué puedo hacer como padre de un niño especial?
Es necesario analizar como es la situación emocional de sus hijos que no tienen autismo, en caso de observar alguna de las conductas antes mencionadas, dar apoyo de inmediato para que él o ella logre un desarrollo adecuado y establezcan un vinculo positivo con su hermano (a).


¿Dónde puedo recibir esta orientación?
En los centros especializados en autismo, podrán guiarte y orientarte a como podrías mejorar los vínculos afectivos entre los integrantes de tu familia.

 

Por: Psic. Mary sol Morales Sánchez
Vía: Pasitos

 

 

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