Proceso creativo donde los niños “aprenden haciendo”
Si aceptamos la idea de que los niños son curiosos por naturaleza e investigadores por instinto, debemos promover que ellos tengan experiencias directas dentro un ambiente formativo.
Cuántas veces nos hemos maravillado cuando nuestro niño observa con curiosidad un desfile de hormigas y comienza a preguntarse ¿a dónde van?, ¿por qué todas siguen el mismo camino?, ¿qué las hace ir en fila?, ¿cómo cargan esas hojas?, ¿qué sucede al colocar un juguete en su camino?. Esta observación que ante nuestros ojos podría no tener importancia, es una demostración de la capacidad de investigación, del establecimiento de teorías y de la disposición de aprobarlas o refutarlas.
Si aceptamos la idea de que los niños son curiosos por naturaleza e investigadores por instinto, debemos promover que ellos tengan experiencias directas dentro un ambiente formativo. De aquí nace el aprendizaje experiencial, que más que una herramienta, es una filosofía de educación.
El aprendizaje experiencial involucra al niño con aquello que está estudiando, en lugar de una mera “contemplación”, descripción intelectual, o de aprender escuchando. Aristóteles lo dijo ya hace mucho tiempo: lo que tenemos que aprender, lo aprendemos haciendo. Lo que se memoriza se olvida y sobre todo, si lo que se aprende no proviene de la experiencia propia,
no se aprende y se olvida rápidamente. El niño tiene que reconstruir todo, y la experiencia es el punto de partida natural del aprendizaje.
Así que mamá, que no te de flojerita, si tu hijo asiste a una escuela y quieres apoyar la labor de las educadoras, te invitamos a que te integres, apoyes y guíes a tus hijos a lo largo de sus aventuras y experiencias. Y ¿por qué no?, si en la escuelita está trabajando con lógica matemática, enséñale tu cortando una pizza en pedazos; si le interesan los bomberos llévalo a la estación para que conozca un poco más y tenga oportunidad de ver el camión por dentro, de hacer sonar la alarma, de ponerse el traje, etc. Además de pasar momentos agradables con ellos, complementas los contenidos que están viendo en el jardín.
Al practicar esta metodología, los niños se vuelven más autónomos, más libres, capaces de tomar decisiones y de expresar lo que sienten y piensan. Son creativos, pacíficos y saben relacionarse con otros.
Y si tu niño quiere arreglar una moto y te pide scotch, no le digas que eso no sirve, mejor deja que pruebe y explore.
Por: Lic. Yessenia Caicedo






















